Sala de Cultura de Valladolid

XVI Ciclo coloquios taurinos

24 de Febrero, 2015

Fecha: 24,25 y 26 de Febrero de 2015

Hora: De 20 a 21:30 horas

Todavía las heladas y las nieblas llenan los tendidos de la mayoría de las plazas de toros, y suenan ya clarines y timbales para anunciarnos que la nueva temporada está en marcha. Ajalvir y Valdemorillo han dado el pistoletazo de salida a una temporada que llega con tantas dudas como ilusiones tenemos los aficionados.

Si echamos la vista atrás, a la temporada pasada, vemos que las cosas no han ido tan mal como nos temíamos. En el año 2014 se ha roto la tendencia negativa de los últimos años. Se celebraron 32 festejos más que en el año 2013, hasta llegar a un total de 937.

Naturalmente estos datos nos invitan al optimismo; como nos trae esperanza la reunión de todos los estamentos taurinos celebrada en Sevilla el pasado 18 de Diciembre. Pero todo esto, con ser positivo, no debe llevarnos a pensar que la tauromaquia, por fin, ha encontrado la fórmula para resolver los muchos problemas que ahora mismo padece. La realidad es que cada vez acude menos público a las plazas de toros, y que en los tendidos no se nota que haya mucha afluencia de gente joven.

No será un camino de rosas superar los desencuentros enquistados durante años. Hay muchos intereses enfrentados que harán muy difícil, pero no imposible, alcanzar acuerdos que puedan llevar a nuestra fiesta a conseguir el objetivo común de asegurar su futuro. La realidad de la fiesta es tozuda en sus problemas. En los colectivos taurinos cada uno va a lo suyo e ignora los demás; a muchos políticos les falta valor para defender una actividad que ellos mismos han definido como cultural; y a los aficionados sólo nos queda el recurso de pasar por taquilla para seguir alimentando nuestra afición.

Mucho se habla últimamente de que la tauromaquia necesita una profunda renovación. Nosotros también lo decimos, y pensamos que esa renovación debe empezar por algo tan simple ( o tan complicado ) como volver a la verdad de la fiesta: es decir, que salga el TORO, íntegro, cuajado, armónico, y que en el ruedo haya un torero dispuesto a emocionar con su arte a los aficionados; sin TORO no hay emoción y sin emoción no hay espectáculo. De no ser así, las “ renovaciones” que se hagan no pasarán de ser simples brindis al sol, fuegos de artificio que, antes o después, terminarán explotando en la cara de una tauromaquia que, ahora mismo, no tiene muy buena cara.

Imagen dónde podemos ver el título del coloquio para cada día junto a sus intervinientes y el presentador-moderador de la charla.