Perfil biográfico

En recuerdo de D. Juan del Águila Molina


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En recuerdo de D. Juan del Águila Molina

juan del aguila 2005

A mediados del siglo XX, Almería se encontraba en una situación de atraso económico y social, con una agricultura en decadencia y regresión, una actividad minera al borde de su definitiva desaparición, y sin un tejido industrial o de servicios que evitase la sangría de la emigración.

Ante esta realidad, con un carácter inconformista e inquieto, una actitud dinámica y emprendedora, y unas ideas influidas por el 'cristianismo social' que inspiraba su forma de ser y de actuar, el joven abogado Juan del Águila Molina abrazó la causa cooperativa y se entregó a ella en junio de 1958. Hoy es reconocido como uno de los principales artífices del llamado 'milagro almeriense', que tuvo poco de milagro y mucho de trabajo, esfuerzo y sacrificio de miles de familias dispuestas a reinventarse su futuro. Su trayectoria personal, y la de la Caja Rural que él mismo creó, dirigió y presidió, encarna mejor que nadie la evolución de la economía y la sociedad almeriense en la últimas cinco décadas.

Identificado con el campo y con las necesidades de su gente, con 28 años recién cumplidos, se dedicó a promover la creación de cooperativas agrarias, actuación por la que se le considera el principal impulsor de su moderno movimiento asociativo. Y ante la exigencia de encontrar financiación para acometer los proyectos de esas cooperativas, se ocupó también de constituir la Caja Rural Provincial de Almería, que iniciaba su actividad en 1966; y pronto se convirtió en uno de los pilares que sustenta y apoya el proceso de reconversión y transformación que protagonizó la agricultura almeriense. Lo que en muchos países actualmente se estudia y analiza como el 'modelo Almería', denominación por la que se conoce a uno de los sectores más productivos y eficientes de Europa, el germen que induce la creación de riqueza y el crecimiento económico de una provincia que a mediados del siglo XX era la más pobre de España, y que hoy se encuentra entre las zonas con mayor dinamismo económico y social. La actuación desarrollada en estos años por Juan del Águila, el alcance y repercusión de las iniciativas promovidas o apoyadas por él, junto a su inteligencia y visión para anticiparse en la toma de decisiones, han hecho que sea considerado por muchos como el almeriense más influyente de la segunda mitad del siglo XX.

Nacido el 15 de junio de 1930 en el seno de una familia asentada en la Vega de Almería, siendo el mayor de tres hermanos, sus primeros recuerdos, como cualquier otro niño de su generación, se remontaban a los trágicos años de la Guerra Civil y a las duras condiciones de vida de la posguerra en una de las provincias españolas con más necesidades sociales. Terminada la contienda, el regreso a casa de su padre conllevó el traslado de su familia a la ciudad, al conseguir éste un empleo público en el Ayuntamiento de Almería. Desde pequeño mostró una inclinación natural hacia el estudio, y ya en su adolescencia alternaba los estudios de bachillerato con trabajos ocasionales de verano, con 15 años en la fábrica de gaseosas Orange Crush de Enrique Ruiz, y con 17 en las oficinas del Sindicato de Riegos de Almería y de los Siete Pueblos de su Río, ocupación ésta que le permitió tratar a diario con los agricultores almerienses y compartir sus aspiraciones. Durante este periodo, su formación cristiana y su explícita vocación social le llevaron a vincularse a las Juventudes de Acción Católica, cuya organización en Almería llegó a presidir en los años previos al Concilio Vaticano II.

Siguiendo el consejo materno dirigió sus pasos a la Escuela de Magisterio, y una vez terminados sus estudios, después de una experiencia docente de dos años como profesor sustituto en la Escuela de Comercio y profesor ayudante en la propia Escuela de Magisterio, tomó la decisión de matricularse como alumno libre en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada, en la que tres años más tarde, en 1955, obtendría su licenciatura. Tras una breve etapa preparando oposiciones al Ministerio de Hacienda, se incorporó al despacho de abogados de Rogelio Pérez Burgos, el más importante de la ciudad en aquel momento. Dos años más tarde, en 1958, contrajo matrimonio con María del Carmen Castro Rubira, hija del profesor Florentino Castro Guisasola, con la que tuvo cuatro hijos: Carmina, María Jesús, Víctor y María Isabel. Ese mismo año abrió su propio despacho profesional, que alternaba con su trabajo como secretario de la Hermandad Local de Labradores, a la que se incorporó para darle un nuevo impulso de la mano de su nuevo presidente, Juan García Jiménez, que también lo era a su vez de la Cooperativa Agrícola San Isidro. Su carácter y determinación quedaría pronto de manifiesto, cuando en pocas semanas logró reactivar su funcionamiento poniendo en marcha un nuevo servicio de maquinaria con tres tractores, una desgranadora de maíz y dos trilladoras de cereales. El éxito de aquella primera iniciativa le permitió demostrar su capacidad de poner en marcha proyectos, que le fue reconocida desde el primer momento por los agricultores y propietarios, y sobre todo cuando un año más tarde también fue elegido para ocupar el puesto de Secretario general de la Junta Rectora de la Unión Territorial de Cooperativas del Campo (UTECO), que había quedado constituida el 16 de junio de 1958 bajo la presidencia de Emilio Viciana Góngora, a quién poco después sustituyó Jesús Durbán Remón.

En aquellos días, en la provincia de Almería había una veintena de cooperativas agrarias, aunque en la práctica su funcionamiento real se limitaba a cinco o seis, las existentes en las localidades de Ohanes, Adra, Padules, Alsodux y Huércal de Almería, además de en la vega de la capital. Todas ellas sentían y compartían la misma necesidad de abrir nuevas vías de exportación a sus productos, en especial a los de uva y naranja. La falta de mercado y la carencia de un cuerpo propio dedicado a la comercialización, estaban haciendo que su precio cayera incluso por debajo de los costes de producción, provocando el abandono de los cultivos, el despoblamiento de los pueblos y la emigración de sus habitantes. Hacer frente a esta situación y erradicar sus causas, es la tarea que asumió Juan del Águila Molina y que le llevó a recorrer una y otra vez la provincia de Almería promoviendo la creación de nuevas cooperativas y ayudando a fortalecer la actuación de las ya existentes, lo que le convirtió en el principal impulsor del asociacionismo agrario de aquellos años. Una labor en la que le acompañaba su mujer, Carmina, que los domingos y festivos le seguía junto a sus hijos en sus viajes a los pueblos; y para la que inicialmente contó con la colaboración y apoyo de los vocales de la UTECO Juan García Jiménez, Melchor Montoro Amate, Pedro Aparicio Alcalá, Joaquín Bretones y los sindicalistas Rafael Salazar y Francisco García Villegas; a quienes se fueron sumando sucesivamente dirigentes de cooperativas uveras de Canjayar, Huécija, Berja y Dalías como Emilio Esteban Hanza, José Romera Granados, Jesús Alférez Callejón, Francisco Martín, Alfonso Lirola Baena y Enrique González Salvador; de cooperativas naranjeras de Gádor, Rioja y Viator, como Francisco Abad, Emilio Góngora, Francisco Díaz Molina, José Alfonso y Julio García Aguilar; de las cooperativas de hortalizas que se iban creando en Roquetas, Balerma o Balanegra, como Jesús Durbán Remón, Andrés Nache Morales y Enrique Molina Fernández, de la comarca del Almanzora, como Luis García García, y de agricultores y empresarios vinculados a la vega de Almería, como Modesto Gutiérrez Capel, Domingo Fernández Lozano o Luis Berenguel Sánchez.

Gracias a su carácter decidido y emprendedor, capacidad de trabajo y los alentadores resultados conseguidos en sus primeras actuaciones orientadas a la mejora de la comercialización y a la adquisición conjunta de suministros agrícolas para los cooperativistas, la Junta Rectora de la UTECO tomó la decisión de acometer nuevas inversiones económicas encaminadas a la creación de infraestructuras dirigidas a renovar los canales y medios de gestión destinados a la exportación agrícola. Fue entonces cuando se planteó la necesidad de crear una Caja Rural de ámbito provincial que promoviera el crédito rural en todas sus manifestaciones. Y Juan del Águila, como secretario general, asumió personalmente la redacción de sus estatutos sociales, que recibieron la aprobación oficial del Ministerio de Trabajo el 12 de marzo de 1963. Tres meses después, el día 8 de junio, la Caja Rural Provincial de Almería celebraba su asamblea constitutiva, a la que asistieron representantes de 29 cooperativas, siendo Juan del Águila elegido secretario general del Consejo Rector que preside Jesús Durbán Remón. Aunque tendrán que pasar tres años más para que la cooperativa de crédito rural iniciase su actividad cara al público con la apertura de su primera oficina en Almería capital, teniendo como director al propio Juan del Águila, y como primeros empleados a dos profesores mercantiles incorporados a la causa cooperativa, Felipe Ibáñez Ventura y Miguel Rodríguez Guillén, lo que ocurrirá finalmente el día 20 de abril de 1966.

Durante sus dos primeros años de actividad, la nueva Caja Rural se limitó a recibir depósitos y aportaciones de sus cooperativas asociadas y de los socios de éstas, y a conceder pequeños préstamos con cargo a sus recursos propios. Los dos primeros créditos, de 350.000 pesetas, se concedieron el día 10 de agosto de 1966 a una cooperativa uvera de Canjáyar y a otra hortícola de Balerma, con cargo a los 3,5 millones de pesetas de recursos propios de las 29 cooperativas asociadas y 18 socios particulares que había logrado reunir hasta aquel momento. Pero no será hasta finales de 1968, una vez obtenido el título de caja calificada por el Ministerio de Hacienda, cuando pueda también atender operaciones con cargo al crédito oficial del Estado, y comience a abrir sus primeras oficinas en la provincia. Una actuación en la que colaborarán las personas que durante estos años se han ido incorporando al Consejo Rector de la entidad, como Emilio Esteban Hanza y José Romera Granados de Canjáyar, Jesús Espinosa Godoy -que será presidente entre 1973 y 1987-, Francisco López Carretero de Ohanes, Jesús Alferez Callejón de Dalías, Bernardo Maldonado de El Ejido, Francisco Fernández de Adra, Emilio Góngora de Gádor, Miguel Quesada de la vega de Almería y Manuel Escánez de El Parador. La impronta personal de Juan del Águila, junto a su capacidad para transmitir valores sociales y espíritu de trabajo y dedicación a quienes se van sumando al nuevo proyecto cooperativo de crédito rural, marcará el crecimiento constante y continúo de la entidad en los años siguientes, en la que sus más estrechos colaboradores serán Juan de la Cruz Cárdenas Rodríguez, al frente del área de sucursales, Antonio Pérez Lao en la de organización y personal, y Ángel Lirola Suárez en la financiera.

El espíritu social y el compromiso con el campo y el medio rural de aquellos hombres se puso de manifiesto definitivamente con motivo de las lluvias torrenciales que asolaron las provincias de Almería, Granada y Murcia el 19 de octubre de 1973. Aquellas trágicas aguas fueron una desgracia para Almería, pero permitieron que la Caja Rural dejase patente el alcance de su vocación y compromiso. Juan del Águila y sus empleados recorrieron las zonas más dañadas de las cuencas de los ríos Almanzora y Adra, cuyas aguas inundaron pueblos enteros, llevando a la muerte a algunos de sus vecinos y a la ruina a otros muchos. La enorme actividad desplegada aquellos días terminaría identificando a los agricultores con la entidad que les presta ayuda directa, y marcará un hito que supone un antes y un después en la historia de la Caja Rural. Fue entonces cuando los almerienses definitivamente tomaron conciencia de que contaban con una entidad de crédito que atiende y apoya sus necesidades.

Desde aquel momento, comprometida con las demandas y necesidades del campo almeriense, se convirtió en el instrumento financiero propio del sector agrario de ésta provincia, contribuyendo decisivamente a su modernización y transformación. Y para contribuir a conseguirlo, cuando la Caja Rural obtuvo sus primeros beneficios, Juan del Águila los destinó a crear una finca experimental agraria que aportase conocimiento a la moderna agricultura intensiva que empezaba a abrirse camino, sin olvidar a la fruticultura tradicional. Un centro de investigación aplicada, en el paraje ejidense de 'Las Palmerillas', cuyos trabajos con el paso de los años se convertirán en referentes de investigación aplicada a nivel nacional y europeo, en relación a sistemas y variedades de cultivo y producción, estructuras y materiales de invernadero, uso y gestión del riego agrícola, técnicas fitosanitarias y aplicación de energías renovables.

Hasta tal punto consigue vertebrarse la Caja Rural en su entorno de actuación, que hoy no puede analizarse el desarrollo que ha conocido la agricultura almeriense en los últimos cincuenta años sin tener en cuenta el papel desempeñado por la cooperativa de crédito; de la misma forma que la evolución de la entidad financiera no puede analizarse sin tener presente su origen social y su vinculación al sector agrario. De modo que en 1983, cuando apenas habían transcurrido diecisiete años desde la apertura de su primera oficina, la Caja Rural de Almería se convirtió ya en la primera caja rural española. Y pese a las limitaciones legales que todavía mantenían encorsetadas a las cooperativas de crédito rurales respecto a las demás entidades bancarias, la permanente progresión de su actividad crediticia le llevó también a que seis años más tarde, en 1989, se situase ya como la entidad financiera con mayor cuota de mercado en Almería, superando a todos los demás bancos y cajas de ahorros que operan en esta provincia. Ese mismo año, la visión y lucidez para adelantarse a los acontecimientos de Juan del Águila volvería a ponerse de manifiesto cuando la Caja Rural, ajena a la crisis que en los años ochenta había afectado a más de cincuenta bancos y veinte cajas rurales españolas, da inicio a su primera expansión territorial. La desaparición de las cajas rurales de Murcia y Barcelona, que acabaron siendo absorbidas en 1988 y 1989 por las cajas de ahorros de sus respectivas provincias, y la entrada en vigor de una nueva legislación que le permitió operar en ámbitos geográficos distintos a los de su provincia de origen, sería aprovechada por la entidad almeriense para cubrir el espacio que ambas habían dejado. En el caso de Murcia, favorecida por la proximidad geográfica, la importancia de su actividad agrícola y la existencia de relaciones comerciales comunes; y en el de Barcelona, por la importante base social de almerienses y andaluces que habían fijado allí su residencia procedentes de la emigración, trabajaban en sus principales cinturones industriales, y veían con orgullo y satisfacción cómo una entidad financiera de su tierra se disponía a adentrarse en el difícil mercado catalán.

Tres años más tarde, en el proceso de renovación de los órganos de gobierno que tuvo lugar en la Asamblea General de 1992, Juan del Águila Molina finalizó su desempeño como Director General al ser elegido Presidente de la entidad. En los años que siguieron, al tiempo que la Caja Rural continuaba creciendo, ampliando su actividad a todos los sectores productivos y aumentando de tamaño y dimensión, él era reconocido ya como uno de los hombres con mayor influencia en el movimiento cooperativo de crédito español, quedando de manifiesto su liderazgo cuando en 1995 fue elegido presidente del Banco Cooperativo Español y vicepresidente de la Confederación Internacional del Crédito Agrícola. Unos años antes, él mismo había sido uno de los principales promotores e impulsores del Banco de las cajas rurales, creado en 1990 tras haberse roto el anterior Grupo Asociado Banco de Crédito Agrícola-Cajas Rurales. En la presidencia de este nuevo Banco Cooperativo Español volvería a dejar huella de su capacidad de gestión al duplicar en sólo cinco años su capital y recursos propios, mientras que sus intervenciones se escucharon en el Senado de España o en los foros internacionales del movimiento cooperativo celebrados en Nueva Delhi, Zurich y Florencia.

Sin embargo, diferencias de criterio sobre la estrategia a seguir por las cajas rurales españolas y el modelo de futuro de las empresas participadas de su Grupo, de las que la Caja Rural de Almería era el principal accionista español, terminaron provocando un distanciamiento de la entidad almeriense respecto a la dirección nacional de la Asociación Española de Cajas Rurales, lo que se tradujo en su decisión de emprender iniciativas propias en base a su independencia y autonomía de actuación, así como a su dimensión y a la fortaleza de sus recursos propios. Un camino al que se sumó la Caja Rural de Málaga, y que en el año 2000, tras la fusión de ambas entidades, dio lugar a Cajamar, que hoy es la primera cooperativa de crédito y una de las doce entidades significativas del sistema financiero de nuestro país. Habiendo desarrollado en la última década un nuevo proceso de expansión geográfica y diversificación de negocio en toda España. Finalmente, en 2006, cuando se acercaba a cumplir los 76 años, el fundador de Cajamar Caja Rural, conforme al plan de sucesión que él mismo había previsto y organizado, anunció su retirada, dio un paso al lado y entregó el testigo a una nueva generación de ejecutivos que garantiza la continuidad de su obra, mientras que él aceptó ser designado Presidente de Honor y permanecer vinculado a la entidad al frente de la Fundación Cajamar, cuyos principales fines son el fomento de la economía social, la investigación científica, la innovación, el desarrollo tecnológico y la defensa del medio ambiente.

    En resumen, los cargos desempeñados a lo largo de su carrera fueron:
  • Secretario General del Consejo Rector y Director Gerente de la Unión Territorial de Cooperativas del Campo de Almería (1958-1975)
  • Secretario General del Consejo Rector de Caja Rural de Almería (1963-1975)
  • Director ejecutivo/Director General de Caja Rural de Almería (1966-1992)
  • Presidente de Caja Rural de Almería/Cajamar (1992-2006)
  • Consejero de Seguros RGA (1986-2005)
  • Consejero del Banco Cooperativo Español (1990-2006)
  • Presidente del Banco Cooperativo Español y Vicepresidente de la CICA (Confederación Internacional del Crédito Agrícola (1995-2001)
  • Presidente de Honor de Cajamar y Presidente de la Fundación Cajamar (desde 2006-2012)

Un hombre sencillo e inconformista

juan del aguila un hombre sencillo e inconformista

Como fundador y director general de la Caja Rural de Almería y como presidente de Cajamar, de una u otra forma, la figura de Juan del Águila Molina ha estado presente en todas y cada una de las iniciativas planteadas en Almería para conseguir que la fase de crecimiento de las últimas décadas sea sostenible en el tiempo. Especialmente las relacionadas con las innovaciones aplicadas al nuevo modelo productivo agrícola almeriense, al desarrollo de la industria auxiliar, a la mejora de las estructuras propias de comercialización y a la mejora del medio ambiente en el mundo rural, y sobre todo en la modernización de los regadíos y el uso racional del agua ("el combustible que hace crecer nuestra economía", como él decía), una de sus principales preocupaciones y reivindicaciones, al tratarse de un bien tan escaso como imprescindible para el futuro de la economía y la sociedad almeriense.

Poco amigo de las entrevistas y reportajes, y más del trabajo discreto y reservado, en sus intervenciones públicas no dudaba en exponer sus planteamientos con naturalidad y sencillez. Solía decir que trabajó veinte años como abogado porque de algo tenía que vivir su familia, pero que el campo y los agricultores habían sido siempre su verdadera vocación; y por ello, cuando pudo, se dedicó ya por completo a ellos, a promover su desarrollo, entendiendo que su reto no era otro que hacer cómplice a la sociedad de su actuación.

De ahí que desde el primer momento transmitiera que la Caja Rural era para todos, y la mantuviera alejada del debate político que terminó afectando a otros bancos y cajas, justificando su actividad de acuerdo con los principios de tradición cooperativista diciendo que "el propósito que nos guía es el de dotar a la sociedad de un instrumento útil que cubra las necesidades financieras de la economía familiar y de la mediana y pequeña empresa, dando prioridad a las relaciones humanas y al trabajo de las personas".

Hombre modesto y de carácter prudente y reservado, de Juan del Águila se ha escrito que era la antítesis del boato y la fama que rodeaba a muchos banqueros de su generación, y que sin duda su figura era la más iconoclasta y singular. No era partidario de recibir reconocimientos ni homenajes personales -deseaba que todos fueran para la entidad-, si bien en 1975 fue distinguido con la Cruz de la Orden Civil al Mérito Agrícola, y ya en los últimos años de su trayectoria profesional fue galardonado con la Medalla de Oro de Andalucía (2002) y la Medalla de Oro de la Universidad de Almería (2005). Asimismo, coincidiendo con su jubilación, recibió la Medalla de Oro de la Ciudad Almería (2007), la Medalla de Oro de la Confederación Empresarial de la Provincia de Almería (2007), el Premio de la Asociación de Empresarios del Mármol (2007), y la Medalla de Oro de la Cámara de Comercio de Almería (2010). También le fue otorgada la Medalla de Oro de la Provincia de Almería (2014) y la Medalla de Oro de la Federación de Regantes de Almería (2017).

Autor del texto: Manuel Gutiérrez Navas. Periodista, licenciado en Historia y doctor en Ciencias Políticas. Director de Comunicación de Cajamar. Basado en su artículo publicado en Grandes Empresarios Andaluces, edt. LID Editorial Empresarial. Madrid, 2011.