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Turquía: Un crecimiento impresionante a costa de aumentar la vulnerabilidad a factores externos

23 de Enero, 2018
  • La economía turca creció sustancialmente durante los tres primeros trimestres de 2017, superando ampliamente las expectativas, a pesar de los impactos que el país experimentó en 2016.
  • La economía se ha visto sostenida por las medidas gubernamentales, el incremento de las inversiones, las crecientes exportaciones y la recuperación del consumo privado.
  • Sus principales debilidades son la financiación del déficit, la creciente dependencia de los inversores financieros mundiales, la volatilidad de los tipos de cambio y el aumento de la inflación.

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EL CRECIMIENTO SOSTENIDO SUPERA LAS EXPECTATIVAS

La economía turca registró un crecimiento sustancial durante los tres primeros trimestres de 2017, con un aumento del 4,7% respecto al año anterior a pesar de los impactos que golpearon al país en 2016. Durante el tercer trimestre de 2017, la economía se expandió un 11,1% en un año, el ritmo más rápido de las economías del G20. Este crecimiento se vio sustentado por el apoyo del gobierno, las mayores inversiones, el crecimiento de las exportaciones y la recuperación del consumo privado.

Uno de los mayores impulsos para la economía fue el aumento del Fondo de Garantía de Crédito (CGF, creado por el gobierno para apoyar a las pequeñas y medianas empresas) a casi 64.000 millones de dólares (250.000 millones de liras turcas). El CGF convierte al Estado en “garante” de las solicitudes de financiación.

Las inversiones también crecieron, aumentando un 7,9% en los primeros nueve meses de 2017 (2,7% en el mismo período de 2016). Las inversiones totales fueron lideradas por un salto del 12% en las inversiones en construcción durante el tercer trimestre y, sobre todo, por un aumento del 15,3% en las inversiones en maquinaria y equipamientos (un indicador clave del aumento de la capacidad de producción). El consumo privado registró un sólido incremento, especialmente en lo que respecta a los bienes duraderos, lo que refleja el impacto positivo que los recortes impositivos sobre ciertos productos, como los electrodomésticos y los muebles, han tenido sobre la economía.

Las exportaciones de bienes y servicios, que aumentaron un 13% interanual durante los tres primeros trimestres de 2017, también han apoyado el crecimiento de la economía. La contribución del comercio al crecimiento del PIB se situó en 1,4 puntos para los primeros tres trimestres. La recuperación en Europa continúa favoreciendo a las exportaciones turcas. La producción ha obtenido resultados satisfactorios, con una aceleración en las actividades de fabricación y construcción, al igual que el sector servicios.

En este entorno positivo, el crecimiento del consumo privado debería continuar durante la primera mitad de 2018. Además, las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias de 2019 podrían exhortar al gobierno turco a implementar nuevas medidas de aquí a fines de 2018, con el propósito de respaldar la actividad económica y anticipándose a las encuestas de opinión.

DEBILIDADES EXTERNAS QUE DEBEN SER CONSIDERADAS

A pesar de los pronósticos favorables, la carencia de ahorro estructural de Turquía seguirá siendo la mayor amenaza para la economía nacional. El programa de gobierno CGF ha animado a los bancos a otorgar préstamos, resultando en un aumento del ratio préstamos / depósitos del sector bancario al 125% en la 2ª mitad de 2017. Además de afectar a los riesgos bancarios, esta situación también acentúa las dificultades cambiarias, lo que vuelve a Turquía más vulnerable a la volatilidad de las divisas y frena la confianza de los inversores. Estos factores podrían limitar la inversión extranjera directa en los próximos años.

Los problemas de Turquía respecto al tipo de cambio se relacionan estrechamente con la financiación de su déficit por cuenta corriente, que se realiza en su mayoría mediante entradas de capital a corto plazo. Si se redujeran las inversiones extranjeras directas, ya de por sí relativamente pequeñas, Turquía dependería aún más de los flujos de capital a corto plazo para financiar su déficit externo. Esto aumentaría la dependencia del país de los inversores financieros mundiales y aumentaría aún más su vulnerabilidad ante las crisis cambiarias.

Entre otros problemas potenciales, Turquía debería vigilar el aumento de los tipos de interés de los préstamos bancarios, que representa un riesgo importante para el dinamismo de las inversiones en el país. Los tipos de interés elevados podrían obstaculizar la gestión del flujo de efectivo en las empresas y perjudicar el entusiasmo de nuevos inversiones.

En este contexto económico, se prevé que la inflación siga aumentando como consecuencia de la debilidad de la lira turca frente al dólar estadounidense y al euro. La depreciación de la lira turca respecto a estas dos monedas desde septiembre debería ejercer una presión al alza sobre la inflación, tanto para los precios a la producción como al consumo. Los precios más elevados y los aumentos de los impuestos, asociados con una lira turca más débil, también podrían afectar al consumo de los hogares, reduciendo su poder adquisitivo.

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