Mar 2018

Hoy, para quedarse en el campo, hay que estudiar

15 de Marzo, 2018

Me van a permitir que al principio use la primera persona del singular. Durante 12 años fui profesor asociado en la universidad. Siempre compaginé esta actividad con el desarrollo de mi carrera en otros ámbitos profesionales. La docencia me permitía estar en contacto con los jóvenes (cada vez más jóvenes en relación a mí), conocer sus aspiraciones, descubrir sus formas de pensar a través de las preguntas que me hacían y de la forma en que las enunciaban. Sus dudas eran siempre un acicate para mi curiosidad.

Hoy, para quedarse en el campo, hay que estudiar

Mi llegada al Grupo Cooperativo Cajamar me obligó a dejar aquella actividad, los viajes frecuentes no son compatibles con un calendario escolar rígido, así que me quedó cierta congoja en el corazón. Pero el karma es generoso y rápidamente surgió la posibilidad de volver a dar clases, esta vez dentro de lo que llamamos en su día Escuela de Consejeros del Grupo Cooperativo Cajamar, hoy Formación ADNAgro-Food. El cambio era sustancial, el público no iba a estar formado por estudiantes sin experiencia profesional; al contrario, tendría delante personas que podrían contrastar rápidamente nuestras informaciones con su experiencia personal (muchas de las veces más dilatada que la mía propia) y seguramente aumentarían las probabilidades de que me dejaran fuera de juego con alguna pregunta. Por otra parte, este perfil de alumno posiblemente necesitaría un tipo de comunicación menos formal que el habitual en las facultades, ya que presumía que los niveles formativos previos serían más discretos que los de nuestros bachilleres.

Aprendizaje bidireccional

En lo primero no me equivoqué. De hecho, no solo yo, también el resto de compañeros que imparten nuestros cursos, somos conscientes de que lo que se produce en nuestras sesiones de formación es un proceso de aprendizaje bidireccional, y no siempre son los alumnos los que más aprenden. En lo segundo, marré. Si bien es cierto que hubo que aparcar muchos tecnicismos, la complejidad de los mensajes se podía mantener intacta. Un agricultor de, por ejemplo, la Meseta tiene muy claro lo que supone para su vida la globalización y no encuentra problemas para entender que uno de sus efectos es que los trabajadores poco cualificados de occidente hayan perdido la ventaja de vivir cerca de los altamente cualificados. Estos alumnos no solo lo aprenden rápido, sino que con la misma velocidad visualizan las consecuencias que para la agricultura española y para sus cooperativas y explotaciones pueden tener la mayor parte de los fenómenos que les describimos.

Un amigo profesor, a caballo entre la universidad y las escuelas de negocio lo explica muy bien. Dice que él cuenta prácticamente lo mismo en la facultad y en los másteres, y que lo que cambia es la actitud de los receptores. Los universitarios no suelen tener el bagaje de los profesionales, de forma que mientras los unos se limitan a archivar en su mente los mensajes, los otros los confrontan con su experiencia y no dudan en mostrar su grado de acuerdo o desacuerdo con esos mismos mensajes.

6 años de Formación ADN Agro-Food

Nuestra Formación ADN Agro-Food lleva en funcionamiento ya 6 años. A lo largo de este período, y de lo que llevamos de 2018, hemos impartido 43 cursos básicos para consejos de empresas agroalimentarias (Programa Oportunidad), principalmente cooperativas; 2 cursos para jóvenes con interés en el sector agrario, y 3 cursos de gestión empresarial para agricultores y ganaderos (Programa Futuro). En total, 788 personas, en su inmensa mayoría agricultores y ganaderos, de los más diversos sectores y procedencias geográficas y con una enorme variabilidad de edades y niveles de formación. A todos ellos les hemos trasladado nuestra visión sobre los retos a los que se enfrenta el sector agroalimentario, y les hemos proporcionado herramientas de gestión para complementar sus conocimientos agronómicos. Y de todos ellos hemos aprendido algo, como mínimo la realidad diaria de nuestros agricultores, ganaderos y cooperativas del campo.

Hoy, para quedarse en el campo, hay que estudiar

Hoy, para quedarse en el campo, hay que estudiar

Hace apenas un mes, un consejero de una pequeña cooperativa valenciana nos señaló algo obvio, tan obvio que no se nos había ocurrido verbalizarlo: “Antes, el que no servía para estudiar se quedaba en el campo; hoy, para quedarse en el campo, hay que estudiar”. La complejidad del mundo global, interconectado y en proceso de digitalización precisa más conocimiento que nunca para la mayoría de las actividades. Y la agricultura no es una excepción. A los conocimientos técnicos sobre el cultivo o los animales, hay que sumar los económico-financieros para la gestión empresarial de la explotación, y ahora también los relacionados con las tecnologías que se aplican o se van a aplicar al entorno agropecuario para la mejora de los procesos.

Así que, teniendo presente que efectivamente ahora, quien se quede en el campo debe estudiar, hemos reorganizado nuestra oferta formativa, dotándola de diversos niveles de profundidad y ampliando su horizonte a otros ámbitos del sistema agroalimentario de nuestro país. Aspiramos a ser un socio estratégico para nuestro campo, no un mero agente financiero especializado, y esperamos contribuir al desarrollo de la agricultura, la ganadería y la industria de los alimentos también desde el frente de la formación empresarial especializada.

Hoy, para quedarse en el campo, hay que estudiar
David Uclés Aguilera
Innovación Agroalimentaria
Cajamar Caja Rural